El tráiler de Digger, de Alejandro González Iñárritu, prometía una comedia exagerada y repleta de prótesis protagonizada por Tom Cruise. Es la caricatura de un magnate petrolero que tiene que salvar al mundo de sus propias acciones. Pero en realidad, se trata de una sátira oscura, grotesca y muy trascendente sobre nuestra actualidad tecnológica y climática. A pesar de un estreno decepcionante en taquilla, Digger podría convertirse en la película más relevante del año. Parte del motivo del secretismo que vimos en el tráiler es que la cinta está construida en capas, con giros argumentales que recontextualizan los acontecimientos de la película en varios momentos. Esto ha dificultado promocionarla (o criticarla) sin hacer spoilers. Lo que podemos contar Lo que se puede decir del tráiler sin desvelar nada es que Digger es un magnate petrolero cuya perforación causó el desprendimiento de un iceberg y lo envió hacia Europa, amenazando con matar a 100,000 personas y desplazar a más de un millón. Es un hombre que cuida de su gato enfermo con esmero mientras ve imágenes de la fauna que muere como consecuencia directa de sus acciones. Un hombre interesado únicamente en las ganancias. Mientras tanto, colabora con el presidente de EE UU (John Goodman) para salvar el mundo. Hay momentos sacados directamente de la vida real. Es una sátira obvia y deliberadamente burda tanto de la política de la era Bush como del clima político actual en Estados Unidos. Pero la sátira política es solo la primera capa. Antes de entrar en terreno de los spoilers, también podemos decir que es visualmente impactante y ambiciosa, con una escenografía surrealista que transmite mensajes claros sobre el mundo en el que viven los personajes y cómo deberíamos sentirnos al respecto. Cuenta con las interpretaciones increíbles de un reparto lleno de estrellas. Ahora sí. Si quieres ver la película sin spoilers (y de verdad creo que deberías hacerlo), detente aquí y vuelve cuando la hayas visto. Esperas ver una película sobre cómo resolver el problema, pero Tom Cruise no interpreta realmente a Digger Rockwell. Interpreta a Curtis Markson, un actor que da vida a Digger en una obra, también satírica, sobre los hechos reales que provocaron la crisis climática del mundo. La obra está dirigida por Hannah (actuada por Sophie Wilde) y es financiada por Kenny Rockwell, el sobrino de Digger (interpretado por Jesse Plemons). Este contexto se va revelando poco a poco a lo largo de la historia, y cada revelación arroja una nueva luz: el presidente que hace Goodman, vulgar y desmesurado, hace chistes de mal gusto para provocar risas. Los miembros de su equipo apenas reaccionan ante el posible número de víctimas mortales del desastre climático, pero reaccionan de forma exagerada cuando se da a conocer el costo económico. Cuando Europa se ve afectada, el presidente y su equipo están comiendo palomitas y gritando a la pantalla, diciéndoles a las víctimas, de la catástrofe que ellos mismos han provocado, que corran; como si estuvieran viendo una película de terror. Es espantosamente caricaturesco. En el contexto de una obra escrita para la catarsis de las masas, esto revela una tensión más amplia que recorre toda la película y sobre la que se debate abiertamente. Cruise, en el papel de Markson, detesta la caricatura de Digger y se queja de que este era un “psicópata seductor” aterrador e intimidante, no un vaquero cómico. Hannah, la directora, dice que eso es lo que la gente necesita: una obra didáctica, sensacionalista y catártica con villanos de los que reírse. ¿Vale la pena hacer arte en nuestros tiempos? La película cuestiona por qué y cómo se crea el arte cuando el mundo arde. ¿Quién se beneficia realmente de esta catarsis? Como hemos dicho, toda la película es una llamativa caricatura, no solo de la política, sino también de la creación artística actual. La obra teatral solo se lleva a cabo porque Kenny decide financiarla. Aunque la obra cuenta con una escenografía elaborada, un buen equipo técnico y tecnología punta, el teatro tiene un aire acondicionado que funciona a ratos. El público y el director sudan. Hay moho creciendo en la sala de descanso, y el mundo exterior está en ruinas. Existe una desconexión entre la decadencia del espectáculo y las formas genuinamente útiles de gastar el dinero. Kenny no monta la obra por remordimiento, sino para desviar la atención, apaciguando al público al presentarles un villano del pasado para que puedan aceptar el presente. Mientras, él se beneficia de la catástrofe que la obra satiriza. Cuando Hope, la hija de Curtis, desaparece tras abordar un avión para asistir al estreno, Kenny logra localizarla utilizando únicamente su número de teléfono. Dirige una empresa de seguridad, lo que probablemente significa vigilancia. Durante los créditos finales, donde vislumbramos el mundo real, lo que parece ser una bandada de pájaros volando por encima es en realidad una bandada de drones. Robots humanoides fuera de servicio yacen en el suelo y hombres armados apuntan a la gente en la calle. Eso es lo que significa seguridad en este mundo. Como la realidad misma Su decisión de financiar una obra de teatro pone de manifiesto el actual panorama tecnológico y cultural. Los magnates tecnológicos de hoy buscan cada vez más influencia cultural, y la cultura se encuentra ampliamente difundida a través de la tecnología: Jeff Bezos es dueño de Prime Video, Apple tiene Apple TV. Esto se puede extender a cómo las plataformas de redes sociales, y los algoritmos que las rigen, actúan como guardianes culturales. A medida que la película se acerca a su final, refleja la realidad del espectador. Vemos la conclusión de la obra, donde Digger muere entre aplausos, lágrimas de alegría y vítores del público. Catarsis, dijimos. Al terminar la pieza, el público se pone las máscaras de oxígeno y sale a una ciudad distópica inundada. Esa catarsis, el espectáculo, incluso la angustia de Cruise por la interpretación de su personaje, todo carece de sentido en este lugar. Al igual que el público de la obra, me reí durante toda la película. Me reí de diálogos claramente basados en hechos reales, de la ostentosa recreación de personas más que dispuestas a convertir el aire que respiran en dinero, y de sus habituales evasivas y excusas. Cuando se encendieron las luces, salí del cine y regresé a un mundo donde el clima sigue empeorando, la guerra es una realidad para millones de personas y los ejércitos encuentran formas de convertir la IA en armas. Brutal