La fiesta del Mundial 2026 es uno de los grandes acontecimientos a nivel internacional. Junto con Estados Unidos y Canadá, México es una de las tres sedes en las que se juegan los 104 partidos que integran la gran fiesta del soccer, que conjunta una estrategia comercial y logística de la Federación Internacional de Futbol (FIFA) y los gobiernos que alojan el evento.

Ya desde el 2018, el entonces presidente, Enrique Peña Nieto, anunció con júbilo que México albergaría en el 2026 la gran celebración al deporte del balompié. Con ánimo, aplaudió que la FIFA considerara al país como parte de la sede norteamericana compartida con nuestros vecinos del norte.

Sin embargo, la llegada del gobierno de la Cuarta Transformación sacudió con fuerza a México. En el mismo año en que la FIFA le dio a México el ‘mando’ de la organización local, el expresidente Andrés Manuel López Obrador llegó con otras prioridades: obras faraónicas, reformas constitucionales y la reorganización de la administración pública marcaron una agenda que, poco a poco, enterró el tema mundialista.

Tras finalizar su gestión comenzó el ‘segundo piso de la Cuarta Transformación’, encabezada por la otrora jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum. Con el inicio de su gobierno resurgió la herencia ‘maldita’ de la FIFA, que comenzó a exigir cambios sustanciales en las sedes mexicanas (Guadalajara, Monterrey y CDMX) un tiempo antes del inicio de la Copa del Mundo.

Fue entonces que el Mundial 2026 cobró factura. Ya no se trató solamente de un ‘pendiente’ más, sino de una obligación que la FIFA exigió cumplir a México, aunque esto significó afectaciones significativas a la ciudadanía.

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El Mundial 2026 significó inversiones millonarias que no se traducen en mejoras a la calidad de vida

Unos meses antes del inicio de la justa mundialista, México comenzó a trabajar en la infraestructura urbana que exigió el organismo internacional. La iniciativa privada hizo lo propio, aunque esto significó ‘abrir la cartera’.

Grupo Ollamani, adscrita a Televisa, solicitó un crédito multimillonario para la remodelación del Estadio Azteca de la Ciudad de México, que implicó que fuera rebautizado como Estadio Banorte. Asimismo, en Guadalajara, Grupo OMNILIFE y su titular, Amaury Vergara, emprendieron una inversión sustancial en el Estadio AKRON para cumplir con las peticiones de Gianni Infantino, presidente de la FIFA.

En Monterrey ocurrió una situación similar, ya que FEMSA, dueño del Estadio BBVA, también inyectó una jugosa suma de capital para que el estadio de la Sultana del Norte pudiera funcionar como casa del Mundial 2026.

Y a la par que los empresarios sacrificaron inversiones multimillonarias, existía la expectativa de que los gobiernos federales y locales hicieran lo propio. La infraestructura de las ciudades tenía que estar lista y, claro, los gobernantes querían ‘colgarse la medalla’.

En las tres ciudades de México en las que se lleva a cabo el evento se tuvieron que realizar adecuaciones a infraestructura que llevaba años en el abandono. En ese sentido, el caso de la Ciudad de México es emblemático, pues la realización de este evento evidenció las ruinas que el abandono ha dejado en la capital mexicana.

La preocupación por remozar el Sistema de Transporte Colectivo Metro no fue menor. Las dudas de la capacidad de su titular, Adrián Rubalcava, se hicieron patentes al darse cuenta la ciudadanía de que los cambios en las estaciones eran meramente cosméticos y para ‘llenar el ojo de los visitantes’, aunque esto signifique que la operación ineficiente continúa al estar rebasado el servicio de forma histórica.

Ni qué decir de la remodelación del Tren Ligero, un transporte eléctrico que conecta las alcaldías Tlalpan, Xochimilco y Coyoacán y que había permanecido varios años sin haber sido ni mencionado. Ahí, la jefa de gobierno, Clara Brugada, hizo un cambio en los convoyes, sin que esto se haya reflejado en mayor eficacia para la movilidad de una parte importante de la población que, día a día, usa este medio de transporte para conectar con la Línea 2 del Metro de la CDMX.

El tema de conversación ha sido la movilidad en el sur de la ciudad, una zona con problemas viales históricos y que se convirtió en el epicentro del ojo internacional al estar el Estadio Azteca (aka Estadio Banorte) enclavado en una de las zonas de más difícil acceso del área: el entronque entre Villa Coapa y los Pedregales.

El cierre automovilístico de última milla que pide la FIFA para los estadios implicó que miles de familias tengan que resignarse al encierro, al estar imposibilitadas a moverse dentro de las calles que diariamente transitan para que la asociación futbolística no se ‘pare de pestañas’ contra el gobierno capitalino.

Así, in medio de estas complicaciones para la ciudadanía que no se reflejaron en infraestructura de calidad, la Ciudad de México lleva ya varios meses funcionando a ‘medias’, con una ciudadanía inconforme y con el peso político que el Mundial 2026 implica para los gobiernos.

Una Clara Brugada debilitada ante las críticas pidió evitar señalamientos a los arreglos cosméticos que emprendió su gobierno, ahora cuestionado por los propios votantes, que piden cuentas transparentes ante las pifias que ha dejado la fiesta del mundial.

El descontento social se hace presente: los grupos incómodos le cobran a Claudia Sheinbaum su preferencia por el Mundial 2026

Como si la deficiente infraestructura no fuera suficiente carga para la Cuarta Transformación, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) tomó las calles una semana antes del evento.

Exigen, como cada año, la revisión de un pliego petitorio que el Gobierno Federal se niega tajantemente a cumplir a cabalidad. Le exigen a la presidenta Claudia Sheinbaum que cumpla su promesa de campaña de abrogar la Ley del ISSSTE de 2007 y eliminar el sistema de cuentas individuales, las AFORES y el cálculo de pensiones basado en la UMA, exigiendo un retorno al sistema solidario de pensiones, una petición que la administración Sheinbaum asegura inviable en las finanzas del Estado.

Colectivos de madres buscadoras salieron a las calles para visibilizar que la alarmante cifra de más de 130,000 personas desaparecidas se note a nivel internacional. A pesar del esfuerzo del Gobierno Federal por minimizar esta protesta, no son pocos los medios internacionales que han cubierto la gran crisis que Sheinbaum trata constantemente de evitar.

De esta forma, la sociedad mexicana tomó el Mundial 2026 como una oportunidad para expresar ante los ojos del mundo una inconformidad que crece y que se siente en las filas del partido del poder, más cuestionado que nunca por sus constantes omisiones y preferencia hacia un evento que muchos consideran frívolo e innecesario.

FIFA despoja a pobres y a ricos: aquí la prioridad es su negocio absorbente y hasta criminal

Gianni Infantino habló junto con la presidenta Sheinbaum en un evento que se llevó a cabo en el Castillo de Chapultepec. Ahí, agradeció la disposición de los gobiernos mexicanos para que el Mundial 2026 se lleve a cabo. Lo que olvidó mencionar fue que, gracias a las generosas exenciones fiscales, su asociación se va a llevar maletines llenos de dinero que se inflaron a costa de los derechos de los mexicanos.

Aquí Sheinbaum dejó de gobernar. Pareciera que, de unos meses a la fecha, es Infantino quien pone y dispone, generando despojo. Y todo esto no es fortuito: la FIFA pide facilidades y condonaciones hacendarias que, aparentemente, no se le dan a ninguna otra organización.

A la FIFA parecieran no importarle ni las estructuras jerárquicas de la sociedad mexicana, en la que un 4% de la población es la que decide. Ejemplo de ello fue la arbitraria decisión de quitarle a dueños de palcos en el Estadio Azteca el derecho a consumir sus propios alimentos y bebidas en los partidos. La opción que les propusieron fue comprar paquetes impagables que incluían alcohol de gama media y alimentos que se podrían conseguir en cualquier tienda de conveniencia.

Y al mexicano de ‘a pie’, la FIFA lo aplastó. Gran parte de los partidos no se transmiten en televisión abierta y están disponibles solamente a través de un oneroso paquete de streaming en el que Televisa se lleva un alto porcentaje de ganancias, no sin antes repartir una parte del botín a la federación.

¿Restaurantes que quieren transmitir los partidos para sus comensales y clientes? Mejor ni pensarlo, ya que es necesario pagar una cuota a la FIFA para que no lleguen con una multa millonaria por hacer uso de su transmisión, que no sería posible sin todas las venias que México les dio.

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