La milanesa surge de la cotoletta alla milanese, una costilla de ternera empanizada en mantequilla que se originó en el norte de Italia. Aunque su nombre remite a Milán, en Austria existió el Wiener Schnitzel, un filete de ternera delgado empanizado con harina, huevo y pan rallado, y se cree que la receta se difundió mediante el mariscal Radetzky. Con la emigración italiana a Argentina a principios del siglo XX, la preparación se adaptó, eliminando el hueso y aumentando su grosor, creando versiones como la napolitana con salsa de tomate, jamón y queso. En México la milanesa de res y pollo se popularizó en fondas y se sirve con arroz, frijoles o en bolillos, mientras que en el país se desarrolló la milanesa a caballo, rellena y en sándwich. Cada variante conserva el empanizado crujiente, pero varía el corte, los acompañamientos y los ingredientes adicionales.

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