El oro perdió el nivel de los 4,000 dólares por onza por primera vez desde noviembre, presionado por la fortaleza del dólar, el ajuste en las expectativas de tasas de interés en Estados Unidos y la menor demanda especulativa por activos refugio tras el avance de las negociaciones de paz entre Washington y Teherán. No obstante, los analistas advierten que aún hay fundamentos para esperar un recorte de expectativas no significa que Wall Street haya abandonado por completo la tesis alcista de largo plazo. Los nuevos objetivos de bancos como Goldman Sachs siguen ubicándose por encima de los precios actuales, mientras que JPMorgan mantiene escenarios de recuperación gradual para el metal hacia finales de 2026. La diferencia es que ahora el mercado asume que el proceso será más lento por la resistencia de la inflación, el endurecimiento del discurso monetario y la menor entrada de inversionistas a fondos respaldados por oro. Uno de los factores que desencadenó el mercado bajista para el metal es el final de la guerra entre Estados Unidos e Irán, pues suprime la prima de riesgo geopolítico para los inversionistas que históricamente ven en el metal un activo de refugio. No obstante, en el largo plazo, el principal soporte estructural sigue siendo la demanda de bancos centrales. En los últimos años, autoridades monetarias de Asia, Medio Oriente y economías emergentes han incrementado sus reservas de oro como parte de una estrategia de diversificación y menor dependencia del dólar estadounidense. Ese flujo institucional ha funcionado como un contrapeso frente a la salida de inversionistas especulativos y la debilidad de los ETF respaldados por oro. De acuerdo con el World Gold Council, los bancos centrales acumularon en promedio 1,000 toneladas anuales de oro durante los últimos cuatro años, el doble del promedio observado en la década previa. Además, 89% de los bancos centrales encuestados espera que las reservas globales del metal aumenten durante los próximos 12 meses, mientras que 45% prevé elevar sus propias tenencias. Esta tendencia de largo plazo fue, de hecho, uno de los factores que alimentaron el rally del oro y de la plata en los últimos dos años. La plata, por cierto, también tocó mínimos desde noviembre de 2025, pero enfrenta presiones distintas al las del oro.

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